SE DESMORONA EL PLAN
LA SUPERVIVENCIA DE RAÚL CASTRO

Cuanto más se sabe acerca de las penas de Cuba y sobre quiénes las causaron, menos esperanzado estará sobre cualquier cambio de buena voluntad que provenga de una “transición” en abril administrada por el clan Castro. Sin embargo, hay una verdadera esperanza para 11 millones de cubanos si el plan de supervivencia de Castro se desmorona.

Obama eliminó los estándares razonables de derechos humanos y democracia que son leyes de los Estados Unidos para otorgar unilateralmente el reconocimiento diplomático al régimen de Castro y para impulsar el comercio y el turismo. Esa política ignoró el hecho de que los Castros dictan los términos del compromiso: si haces negocios en la isla, tu compañero es el régimen, no la gente.

Poco después de la sesión fotográfica de Obama en La Habana, se hizo evidente que los únicos acuerdos comerciales que se tenían con la anémica economía cubana eran con el Grupo de Administración Empresarial, SA (GAESA), una empresa estatal creada para canalizar dinero efectivo al ejército que es administrado por el yerno de Raúl Castro, el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas. El GAESA controla alrededor del 80 por ciento de la economía cubana. Su rama turística, GAVIOTA, opera el 40 por ciento de todos los hoteles de la isla y el 60 por ciento del alojamiento de alta gama.

Las concesiones miopes de Obama representaron una gran ayuda no sólo para el régimen, sino directamente para la familia Castro. Lejos de hacer más probable una transición democrática, estos acuerdos amorosos alentaron las esperanzas en los Castros de una sucesión dinástica.

Sin embargo, en junio, el presidente Trump bloqueó esos beneficios al prohibir hacer transacciones con GAESA, en su primer paso para revertir las medidas contraproducentes de Obama. Una vez que Trump empodere a su propio equipo en el Departamento de Estado, esta revisión continua de su política podría llevar hasta a romper las relaciones diplomáticas. Después de todo, bajo la estrategia de Obama, los diplomáticos estadounidenses asignados a la reabierta embajada en La Habana prácticamente abandonaron el valiente cuadro de críticos de los Castro. Hoy, solo unos pocos diplomáticos estadounidenses permanecen en La Habana después de que sospechosos “ataques sónicos” causaron daños físicos a dos docenas de estadounidenses, probablemente con la complicidad del régimen.

El segundo pilar inestable de la estrategia de supervivencia de Castro es saquear a Venezuela. Los hermanos Castro respaldaron a Hugo Chávez y diseñaron la sucesión del poder hacia Nicolás Maduro en 2013 para garantizarse libremente el flujo de divisas en efectivo y petróleo a Cuba.

Miles de cubanos son parte de la despiadada fuerza de seguridad interna de Maduro. Y altos oficiales militares cubanos, incluido el general favorito de Castro, López Callejas, juegan un papel integral en el régimen corrupto que ha saqueado miles de millones en los ingresos petroleros venezolanos y que se beneficia del tráfico de cocaína.

Hoy, la economía de Venezuela ha colapsado, y el hambre, la violencia y la represión atormentan a su gente. Lo que muchos observadores no se dan cuenta es que esta tragedia es hecha por un hombre y un grupo, directamente dirigido del libro de jugadas de Castro. Al diezmar el sector privado, la producción nacional y las importaciones de alimentos, los venezolanos se vuelven dependientes del régimen o demasiado ocupados en sobrevivir para resistirlo.

Aquí, también, la administración de Trump está tomando medidas enérgicas. Desde febrero de 2017, el Departamento del Tesoro ha impuesto sanciones financieras a Maduro, a su vicepresidente y a sus compinches claves por su participación en el tráfico de drogas, el terrorismo, la corrupción o la represión. México, Colombia, Canadá y, recientemente, la Unión Europea han adoptado medidas similares para socavar al régimen corrupto. Un esfuerzo diplomático regional liderado por países sudamericanos rechazó recientemente un plan de Maduro para mantenerse en el poder organizando elecciones falsas. Claramente, poner fin al régimen ilegal en Caracas será un golpe fatal para la dictadura en bancarrota de La Habana.

El 19 de abril, Raúl Castro escenificará su propia transición política, pasando a la presidencia al sucesor elegido a dedo, Miguel Mario Díaz-Canel, cuyas opiniones de línea dura no ofrecen esperanzas de reformas democráticas significativas. De hecho, se espera que Castro mantenga el liderazgo del poderoso Partido Comunista y mantenga la intención de obtener un asiento en la Asamblea Nacional cubana.

El viejo dictador se ha asegurado que el aparato de seguridad permanecerá en las manos de su hijo, Alejandro Castro Espín, y que la gestión de la economía del país permanecerá en la familia.

Sin embargo, estos planes preparados por Castro se pueden deshacer con la reversión de las concesiones económicas de Obama y la desintegración del régimen de Maduro en Venezuela.

Además de las sanciones económicas, la administración de Trump debería adoptar programas innovadores para comunicarse con el pueblo cubano y ayudar a los activistas políticos independientes del país a prepararse para una transición ordenada hacia el autogobierno. En fin, debemos rechazar la ilusión de que los Castros tienen derecho a ostentar el poder y detener las reformas democráticas en Cuba.

 

 

 

Tomado de WWW.LAPATILLA.COM

*Publicado originalmente en InsideSour – Traducción libre del inglés por lapatilla.com

 
Roger NoriegaRoger Noriega

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