ASIA Y SUS DOS ESTRATEGIAS DE DESARROLLO

Asia, como ninguna otra parte del mundo, ha sabido sacar pleno provecho a la línea de desensamblaje…

Los años noventa del siglo pasado testimoniaron una gran revolución productiva con la aparición de las llamadas cadenas de suministro. En esencia, ellas conducían a la fragmentación de los procesos de manufactura, distribuyéndolos entre distintos países.

La llamada línea de ensamblaje, puesta en marcha por Henry Ford a comienzos del siglo XX, se transfiguraba así para dar lugar a lo que Robyn Meredith bautizaba como la línea de desensamblaje.

De acuerdo a esta última: “La línea de desensamblaje ha inyectado inmensa eficiencia a las compañías, permitiendo que cada componente de un producto final, sea elaborado en el país donde ello resulte más barato, pasando de allí a la fábrica siguiente” (The Elephant and the Dragon, Lodon, 2007). Esto implicaba un peregrinaje de piezas y componentes de fábricas en Vietnam, a fábricas de Indonesia y así sucesivamente.

Las llamadas cadenas globales de valor constituyeron una extensión natural de las cadenas de suministro. Su novedad consistía en querer agregar el máximo de valor a cada eslabón del proceso productivo.

Para Richard Baldwin una típica cadena de valor está integrada por tres fases: las actividades de premanufactura (diseño, organización, etc.); actividades de manufactura (proceso fabril) y actividades de postmanufactura (mercadeo, servicios al cliente, etc.).

De dichas fases la primera y la última se centran en los servicios. Es en ellas precisamente, donde usualmente se agrega mayor valor al producto. Según Baldwin: “Más y más valor es agregado por vía de los servicios y menos y menos valor por vía de la simple manufactura” (The Great Convergence, Cambridge, Mass., 2016).

Inicialmente la mayor parte de esos servicios permanecían en los países desarrollados, mientras la manufactura era enviada a los países en vías de desarrollo donde la mano de obra era más barata.

Sin embargo, así como la línea de ensamblaje clásica se fue desmembrando, las compañías del mundo desarrollado comenzaron también a desmaterializarse.

En otras palabras, mientras conservaban para sí actividades medulares como investigación y desarrollo, patentes y marcas, tendían a externalizar tantas funciones como posible. Ello, desde luego, buscando también el menor costo posible. Fue así, que comenzaron a fijar su atención en el mundo en desarrollo.

Este proceso se vio facilitado por tres desarrollos paralelos: el extraordinario avance de las tecnologías de información y comunicaciones; la globalización de competencias y la homogeneización de prácticas gerenciales.

La posibilidad de que servicios tales como diseño de productos, desarrollo de software, análisis financieros, análisis de mercado, servicios al cliente, por solo citar unos pocos, no solo pudiesen ser prestados a distancia sino por una fracción de su costo en los países desarrollados.

Mientras los países del Este de Asia, con China a la cabeza, se especializaron en los procesos de manufactura, India se concentró en los servicios a distancia. Gracias a la manufactura, China pudo evidenciar el mayor crecimiento en la historia documentada de la humanidad: 9% durante treinta años continuos.

Ahora, mientras China sube la escalera tecnológica y el costo de su mano de obra se encarece, otros países de la región se aprestan a repartirse el predominio de ese país en el ámbito fabril de mano de obra intensiva.

India, en cambio, se fue directamente por el área de los servicios a distancia, sin nunca preocuparse por la manufactura de mano de obra barata. Saltarse la fase fabril para adentrarse directamente en la de los servicios a distancia y, de manera muy importante, en servicios de alta sofisticación, lucía riesgoso. Ningún país ha logrado el desarrollo por esta vía.

Sin embargo, India quiso sacar pleno provecho a sus ventajas comparativas: el dominio del idioma inglés, su alto número de graduados universitarios y su fuerte posicionamiento internacional en tecnología de la información.

Si bien el número de personas que se benefician de ese sector en India es limitado, apenas 4 millones en una nación que sobrepasa el millar de personas, la cifra de negocios que ello genera sí es significativa.

En efecto, este sector económico le representa al país ingresos anuales superiores a los 150 mil millones de dólares (Nida Najar, “Indian technology workers worry about a job threat: Technology”, The New York Times, June 25, 2017).

Asia, como ninguna otra parte del mundo, ha sabido sacar pleno provecho a la línea de desensamblaje y a la desmaterialización de las empresas. En el ámbito de las cadenas de suministro y de las cadenas globales de valor, los asiáticos no tienen rivales.

 

 

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Alfredo Toro HardyAlfredo Toro Hardy

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