MALESTAR GENERAL

Si algo preocupa a Nicolás Maduro es el malestar que pueda reflejarse a lo interno de la Fuerza Armada. A la cadena de supuestas conspiraciones ocurridas en 2017, que resultaron en cerca de 50 detenciones, este 2018 pareciera que se van a profundizar.

En esta última semana van unos 25 militares detenidos en Caracas y en algunas regiones del país con acusaciones de rebelión militar y traición a la patria.

Uno de los casos que más ha llamado la atención fue la detención el pasado fin de semana del Primer Comandante del Batallón de Infantería motorizada, Juan Pablo Ayala, el teniente Igbert José Marín Chaparro, al que le siguieron otros 18 oficiales del Ejército.

Llama la atención el caso de Marín, quien según fuentes consultadas por este reportero, desde su promoción en 1999 se le conoció su identificación con el proceso liderado por Hugo Chávez. Y es de destacar que parte de los detenidos tienen comando de tropa, a diferencia de otras supuestas conspiraciones en las que, quienes fueron detenidos, eran oficiales sin comando.

Otros detenidos pertenecen al batallón Bolívar, que al igual que el Ayala tienen su sede en Fuerte Tiuna y son los que cuentan con mayor poder de fuego en la defensa de la capital. Quienes comandan estos dos batallones suelen ser oficiales de confianza del comandante del Ejército, del Ministro de la Defensa y en especial del Presidente de la República.

Otros de los detenidos fueron los comandantes del Batallón Blindado 413 del Estado Carabobo y otro del Batallón Paredes del Estado Táchira.

Al indagar sobre estas detenciones se pudo precisar que de que no era tal conspiración. De lo que se trataba era de detener un creciente malestar que se estaba produciendo entre los grupos de tenientes coroneles y otros oficiales de menor jerarquía, quienes a través de sus redes telefónicas comenzaron a manifestar descontento por la situación económica del país, la inflación y el acceso a los alimentos y medicinas.

El malestar que vive la sociedad venezolana y la crisis inflacionaria y de escasez que afecta a la mayoría del país, no privilegiada, está llegando inevitablemente a los componentes militares, quienes, más allá el adoctrinamiento y la politización a la que han sido expuestos durante 20 años, confrontan -ellos y sus familiares- una precariedad que no resuelven cajas de CLAP o electrodomésticos.

De manera que no son conspiraciones sino malestar general.

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