MOROS Y CRISTIANOS

Pasan los días, y se acerca un simulacro de elecciones “a la cubana”, semejante a un plato de “moros y cristianos” (arroz y caraotas negras) típico de esa isla caribeña desangrada por los Castro. Comedia a la cual se prestan unos cuantos personajes, variopintos y metidos a políticos unos, avezados politiqueros otros, o recién llegados al quehacer electoral los demás, haciéndole juego al ventajista de Miraflores. Muchos se preguntan qué hay detrás de todo. Algunos sugieren el interés económico que priva sobre el sentido común y la decencia, reforzada esta posibilidad por caricaturas de imágenes donde resaltan algunos sacos etiquetados con el símbolo de la moneda más fuerte del mundo. Otros sospechan que detrás de todo hay un deseo de protagonismo que vigorice una imagen, deteriorada por el camaleonismo, propio de muchos actores políticos, sin mucha vergüenza de un pasado complaciente con el régimen; o que se trata de una hábil propaganda que gane adeptos para una causa religiosa más conocida por los afanes mercantilistas de su “pastor” que por sus supuestos milagros sanatorios. Otros, oscuros seres que medran entre las sombras de oficinas públicas de utilidad desconocida o en el mullido colchón de reposo del guerrero. Todos, prestándose para que el régimen y su más conspicuo (por lo grandote) representante, candidato a la reelección y seguro ganador, den al mundo una impresión de la “democracia” de un país donde a cada rato hay elecciones donde abundan los candidatos.

Siempre opinamos que al enemigo hay que combatirlo en el terreno que sea, y que rehuir el enfrentamiento cuando de medir fuerzas se trata es un desperdicio. Pero es una temeridad, cuando no una estupidez, acudir a la liza con las manos y los pies atados y con unos jueces sumisos al contendor. No solamente nos espera una derrota segura; el triunfo del contrario en ese sainete electorero da al ignaro una impresión de legitimidad del ganador. La historia está llena de procesos tramposos diseñados para engañar al ingenuo con el triunfo del “dueño de la pelota y novio de la madrina” que ha obtenido una mayoría amañada de votos, donde hasta los muertos han dejado sus huellas digitales en los cuadernos electorales, milagrosamente conservadas cuando del resto de su cuerpo sólo quedan los huesos.

Algunos alegan que con la abstención se repetirá la pérdida de espacio político, como ocurrió en 1999, cuando el chavismo logró la mayoría gracias a una abstención de casi el 53% de votantes, casi todos opositores. En realidad, no se trata del mismo caso. En aquel entonces, el llamado a la abstención fue un grave error político de la oposición; la constitución redactada entonces, cuasi vigente todavía, fue hecha a la medida del hombre que ordenaba al órgano “deliberante” entregarle “un millardito” no presupuestado para iniciar así una carrera de derroche de los dineros públicos. Hoy, la participación en una elección “a la cubana” dará el mismo resultado que el castrismo busca siempre en Cuba: la legitimación de unos candidatos impuestos. En esta nuestra próxima, el resultado está ya cantado, a pesar de que haya varios candidatos que completen la comparsa.

Si nos fijamos bien, en el tradicional “moros y cristianos”, al mezclarse los dos ingredientes las caraotas siguen negras; es el arroz el que siempre se tiñe de negro. Sobre todo, cuando alguna vez fue negro, o al menos gris. Los venezolanos podremos morirnos de hambre, pero esos “moros y cristianos” no no los tragaremos otra vez. Tienen veneno.

 
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