LOS MÉDICOS SE UNEN AL ÉXODO, MÁS DE 22,000 YA HAN HUIDO DE VENEZUELA

Junior Rodríguez está acostumbrado a ver la muerte de cerca. Después de todo, es médico en un hospital público que atiende regularmente a cientos víctimas de la violencia en Venezuela, país considerado uno de los más peligrosos del mundo.

Pero la violencia se ha convertido en los últimos tiempos en algo mucho más personal para Rodríguez, al igual que para el resto del personal que trabaja en el Hospital Universitario Dr. Luis Razetti, de Barcelona, en el estado oriental de Anzoátegui.

Allí el personal médico trabaja bajo la constante amenaza de morir o de ser lesionado por familiares o amigos de los pacientes —algunos de ellos pandilleros peligrosos— si no logran salvarlos.

“La mayoría de las veces, ese es el peor temor del médico: que el paciente muera y los familiares actúen contra él”, dijo Rodríguez en una entrevista telefónica. “La amenaza de ser ultrajado si el paciente muere siempre está ahí. No tenemos seguridad de ningún tipo. Uno atiende a una persona que resulta ser un delincuente y si allí mismo le da la gana de apuntarte con una pistola, lo tienes que aguantar”.

Rodríguez, quien renunció al hospital hace meses, ya decidió salir de Venezuela para escapar de la inseguridad y la implosión económica que ha creado una hambruna en el país petrolero, uniéndose a los más de 22,000 médicos que ya han hecho lo mismo durante los últimos seis años, según datos de la Federación Médica Venezolana.

La fuga masiva de médicos, una tercera parte de todos los del país, está acelerando el colapso del sistema de salud venezolano, que ya se tambalea bajo la fuerte escasez de medicamentos e insumos, en un país donde los pacientes deben comprar hasta el bisturí con que los van a operar.

La escasez de medicamentos básicos supera ya más del 85 por ciento, lo que quiere decir que un paciente podría tener que recorrer más de nueve farmacias para encontrar un medicamento. La situación afecta especialmente los que se usan para tratar enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión, y los de uso más urgentes, como los antibióticos, y para combatir el sida.

Pero los profesionales de la salud simplemente han llegado a la conclusión de que no se puede seguir trabajando en las condiciones actuales de Venezuela. No solamente no tienen lo mínimo para atender a los pacientes y corren peligro físico si se les mueren, sino que, además, cobran un salario que en muchos casos es inferior a $10 mensuales, que ni siquiera alcanza para comprar dos pollos.

El gobierno “ha condenado al personal médico a un salario miserable que se lo come la inflación. Para los médicos de los hospitales públicos, el sueldo es equivalente a unos cuatro o cinco dólares al mes. Eso para un médico que realizó un postgrado, para especializarse”, explicó Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica de Venezuela.

La fuga de cerebros se hace sentir más en los hospitales públicos, que ya operaban a niveles de precariedad comparables solamente con los de los países más pobres, donde las mujeres muchas veces son obligadas a dar a luz en salas de espera y a los heridos los atienden en el suelo.

A esto se suma el hecho de que cerca de la mitad de los médicos que trabajaban en los hospitales públicos ya se fueron del país, resaltó León Natera.

Las consecuencias del éxodo en los centros médicos privados es menor, porque allí el personal gana algo más y las condiciones laborales son mucho mejores. Pero incluso en esas instalaciones se han comenzado a padecer los efectos de una disminución del personal disponible.

William Barrientos, médico y diputado que es vicepresidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional, dijo que miles de médicos venezolanos son bien recibidos en países latinoamericanos.

“Hay 2,000 médicos que ya tienen empleo en Chile, y hay otros 1,842 en una lista de espera de médicos que quieren trabajar allí. En Colombia ya hay cerca de 2,346 y en Ecuador, aproximadamente 1,654”, dijo Barrientos en una entrevista telefónica.

Argentina es otro de los países que parece estar recibiendo a los médicos venezolanos con los brazos abiertos, dijo el diputado.

La situación es algo distinta en Estados Unidos, añadió desde Miami Rafael Gottenger, presidente de la Venezuelan American Medical Association.

En Estados Unidos es difícil para un profesional venezolano conseguir la certificación para ejercer la medicina, y por eso es que se ve a docenas de médicos venezolanos con siete y ocho años de graduados trabajando de asistente médico o incluso emprendiendo actividades que no tienen nada que ver con la medicina, dijo Gottenger.

Pero incluso así, son muy pocos los que se arrepienten de marcharse de Venezuela, especialmente ante la ola de violencia que desde las calles ha empezado a desplazarse a las instalaciones hospitalarias.

Rodríguez dijo conocer al menos tres casos de violencia contra personal médico. En uno, una pandilla entró a la sala de emergencias de un hospital en Caracas y ordenó que los médicos se volvieran de espaldas mientras ellos remataban con cuchillos a pacientes que estaban atendiendo.

Uno de los médicos que estaba concentrado en lo que hacía y no obedeció, fue golpeado con fuerza. Cuatro de los pacientes fueron ultimados, dijo Rodríguez.

“Cuando uno los ve entrar, ya sabe que tiene que esconderse porque no se sabe lo que va a pasar. Ya no hay policías afuera, y los que hay se van corriendo, porque muchos no están ni armados”, explicó.

En al menos una ocasión, dijo Rodríguez, tuvo tiempo de salir corriendo ante la llegada de un grupo de maleantes. Llegaron a su casa buscándolo para que fuera atender a uno de sus familiares, relató.

A principios de marzo, la inseguridad en el Hospital Razetti se conoció a través de las redes sociales cuando dos delincuentes apuñalaron a un médico residente para despojarlo de sus pertenencias cuando llegaba para empezar la guardia.

Lo hirieron en el pecho, pero el Dr. Pedro Quijada corrió con suerte porque la herida no fue muy profunda. De lo contrario, su vida hubiera corrido peligro “porque no lo hubieran podido operar por falta de anestésicos en el quirófano”, dijo Óscar Nava, presidente de la Sociedad de Médicos Internos y Residentes (Somir), en su cuenta de Twitter.

 
Antonio María DelgadoAntonio María Delgado

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