LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Lo que el viento se llevó, o Gone with the Wind, es una película icónica del cine norteamericano, estrenada en 1939 y ambientada en Estados Unidos entre la Guerra de Secesión y el complejo proceso de reconstrucción que siempre sigue a los desastres; sean naturales o generados directamente por los humanos, especialistas en el arte de la autodestrucción. Pero no vamos a tratar el tema del cine.

Vamos a resumir lo que el viento se llevó en Venezuela, luego del tránsito de casi 20 años del chavismo en sus dos variables: la cívica y la militar. Y esto no termina, todavía. Al contrario, las señales que permiten casi que asegurar la permanencia del chavismo en la silla son más que hace un año.

Y es un asunto de difícil explicación. Mientras peor lo hace el gobierno, mientras más se divide, mientras más militares chavistas caen presos, mientras más inflación, mientras más hambre, mientras más inseguridad; el chavismo crece y crece. Crece en todo. Fanáticos, cadenas y hasta bonos y regalos populistas. Pero donde más crece es en votos. Mientras más maluco más lo quieren. Raro, muy raro. Y así será hasta que su ilegitimidad termine de hundir a Venezuela, si acaso es posible que se hunda más.

Al tema. Así como en Estados Unidos la gente del Sur y la del Norte perdieron mucho en la guerra, igualmente ha ocurrido con los venezolanos en general. Sean chavistas o no, todo el mundo ha tomado su buena dosis de patria socialista en estos tiempos. Al punto de que el balance de lo perdido supera ampliamente las ganancias, si acaso encuentra alguna. Las pérdidas son de todo orden. Material, simbólicas, económicas, espirituales. Veamos.

Regiones enteras del país sin agua potable. Toda la nación sin energía eléctrica suficiente para atender con normalidad, como ocurre en cualquier país, las necesidades de población e industria.

El chavismo dejó a los venezolanos sin comida: primero destruyó la producción al estilo de Fidel Castro, luego se apoyó en los dólares petroleros para importar y termina hundido al acabarse el dinero. No hay alimentos ni dólares, luego a pasar hambre. De la misma forma acabó con la industria. Entonces no hay repuestos para nada ni vehículos ni maquinarias. Pobreza total.

El chavismo acabó con muchísimas familias. Hay una generación entera con hijos, pero sin hijos. Millones se han ido huyéndole a la miseria que va adosada al castrocomunismo. O chavismo para los nativos.

Acabó con las caminatas nocturnas por las calles de cualquier ciudad. Generó el nacimiento de bandas criminales llamadas colectivos y otorgó plenos poderes a los pranes para asegurar la disciplina de los súbditos encadenados. Dinamitó el servicio amplio y suficiente de líneas aéreas. Desapareció hasta las palomas de las calles. Alguien las necesita seguramente con más urgencia.

Acabó con las visitas a restaurantes, cines y otras diversiones comunes para los ciudadanos que tienen la suerte de vivir en países normales, lejos del chavismo. Desapareció las baterías y cauchos de carros a precios accesibles. Medicinas ni para remedio como decían antes. Este es uno de los mayores logros del chavismo: facilitar la muerte a los súbditos dejando los anaqueles de farmacias y hospitales sin productos. No hay medicinas para todos en tiempos de chavismo.

Desapareció los billetes. En el mundo chavista no hay suficientes monedas o billetes de curso legal. En países exentos de chavismo esto no ocurre. Licores. Ni se le ocurra. Hay, pero a precios que solo los chavistas del tren privilegiado pueden comprar. Para el resto de los ciudadanos hay buenas fotos en Internet.

Pero, como afirman los mismos chavistas, esto apenas comienza. Es un proceso largo y solo en muchos años se verán los beneficios del socialismo chavista. El 20 de mayo los venezolanos seguirán votando por la gente que más los daña y hace sufrir. Raro, muy raro.

 

 

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Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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