EN EL ACTO DEL POLIEDRO… FALTÓ DUDAMEL

Era domingo, en casa. Sentados frente al televisor, comenzaron a pasar por el canal del Estado una retransmisión del acto de homenaje póstumo al maestro Abreu en el Poliedro de Caracas.

Todos nos emocionamos pues mi hija mayor participaba en ese acto. ¡Después de 10 años de enseñanzas y maravillosas experiencias, era su primera en la tele! En medio de 11 mil niños logramos divisarla por allá en el fondo. Mi hija pequeña gritó señalando con un dedo el televisor: ¡allá esta Karina!

Terminada la transmisión que duró unos 15 minutos, las hurras, felicitaciones y “chócalas” no se hicieron esperar. Mi niña grande de 17 años, mi violinista favorita, esbozó una sonrisa no tan espléndida. Pensé que quizás eran esos cambios de humor que tantas veces uno ve en las adolescentes. Había sido una semana intensa, pues el acto fue montado en apenas 6 días. Todos los núcleos en diferentes puntos de la capital fueron convocados al homenaje del creador del Sistema de Orquestas, Abreu. Una ola de compromiso inusitado la arrastró.

Pero ese domingo cuando llegó la nochecita, “¿Karina, que te pasa?”. Se sentó cabizbaja y comenzó su relato, relato tardío porque ya todo había pasado y ella había decidido no contarme a tiempo para que la dejara participar, en lo que ella llamo “su último concierto”.

Como mamá sé que ella había vivido la época de esplendor económico de la Revolución de Chávez: ser trasladados en autobuses confortables y seguros a cada concierto, refrigerios, medallas, uniformes, partituras, profesores de primera línea venidos desde lejanos confines a impartir sus conocimientos, instrumentos en perfecto estado, lutieres a la orden del día, etc.

Hoy día con sus ojos de casi mujer, con Maduro en el poder, ella puede darse cuenta del declive que vive el Sistema: los núcleos han sido abandonados por niños y profesores a quienes la crisis les impidió continuar. Sus amigos y profesores entrañables ya no están.

El núcleo raíz donde ella se formó desapareció y los sobrevivientes se reagruparon en un núcleo central cuya propia merma los obligó a recibirlos sin mucho protocolo ni selección. En los ensayos se respira y se comenta “esto se va acabar” porque la institución no puede proporcionar ni las partituras. Sin embargo, el deseo de querer seguir participando en la música mantiene congregados a los más apasionados.

En ese contexto, llegó el día de los ensayos generales para el gran acto en el Poliedro. La información era dada a los padres por las noches vía WhatsApp. Había poca información y pocos detalles acerca de la logística. El día jueves comenzó la batalla. Se nos dijo que el punto de encuentro seria la Zona Rental. Allí dejé a Karina, a las 7:30 de la mañana. Dos hileras de carros trancaban la calle con padres igualmente desinformados. Después supimos que el traslado sería en el Metro de Caracas. ¿En el Metro? Si, en el Metro.

Para quienes no viven en nuestra ciudad, el Metro de Caracas es un sitio peligroso. Debido a la superpoblación, falta de autobuses y la falta de efectivo, grandes masas humanas se congregan en sus vagones subterráneos para poderse trasladar. Los usuarios viven a merced del hurto, vendedores ambulantes, empujones, fallas en el servicio, en fin. Era difícil imaginar 11 mil niños trasladándose a hora pico en el Metro. Sin embargo, usaron vagones vigilados para ir y venir de los ensayos.

Y aquí comienza el cuento de Karina: “Pero de regreso nos encontramos con los usuarios y nos empujaron para poder entrar a los vagones. Hubo que sostener duro a los más pequeños para que no fuesen arrastrados de regreso al vagón. Las caras de gente furiosa por tener que esperar que nos bajáramos. Pero eso fue lo de menos, mamá. En el Poliedro estuvimos de 9 de la mañana a 5 de la tarde, y el primer día sólo dieron 1 refrigerio. Vi niños desmayarse, mamá. Cuando anunciaron por el micrófono que iban a repartir la comida, los niños lloraron desesperados. Algunos vomitaban o se hacían pupú encima.

Pero había músicos adultos como yo mamá y de más edad que comenzaron a gritar por la comida. Podíamos divisar algunos cuidadores que se estaban robando la comida para revenderla después “porque la vaina no les alcanza”. Mamá la comida era un pedacito de pan pequeño y un jugo. Y a la salida, mamá, en la salida estaban muchos padres, que esperaban que los niños le trajeran algo del refrigerio porque los papás tenían hambre también.

Fue horrible, en la noche soñé con esas caras, con los gritos. Y todo para qué mamá, al final no era para Abreu, ni siquiera dirigió Dudamel, mamá, allí tenía que haber dirigido Dudamel, ¿acaso no crecimos queriendo ser como él? Pero no, sólo fue un acto para Maduro y todos ellos, hasta Padrino López estaba, mamá. Y pasaron esos videos en las pantallas gigantes, haciendo ver que todo está bien, que todo es como antes y no es cierto. El maestro Abreu dijo que la música era para el público, para inspirar a la gente, que no era sólo para las élites, y allí estábamos nosotros tocando para ellos que se creen reyes. Nos manipularon mamá”.

Después, lloramos amargamente. Ella por lo que había vivido. Yo, de imaginarme aquellos niños, encerrados en aquel sitio, gritando de hambre, sólo para un acto de campaña de un gobierno cruel. Porque si son capaces de someter a 11 mil niños para hacer ver que todo marcha bien cuando no es cierto, de vejarlos y después sonreír ante las cámaras, eso no puede sino calificarse de crueldad. Se aprovecharon de la pasión de los niños para hacer un acto que de otra forma son incapaces de lograr, porque ya nadie quiere oír sus discursos, porque todos sabemos que no tienen nada que ver con Chávez.

Si son capaces de hacer eso a los niños músicos, ¿de que no serán capaces?

 

Tomado de www.aporrea.org

 

 

 

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