LOS MONSTRUOS DE LA RAZÓN
SERGIO RAMIREZ – Mandar no puede ser en nuestra historia un acto temporal, limitado; ni siquiera hasta la muerte, porque de por medio está la idea de la inmortalidad que obnubila al más cuerdo
SERGIO RAMIREZ – Mandar no puede ser en nuestra historia un acto temporal, limitado; ni siquiera hasta la muerte, porque de por medio está la idea de la inmortalidad que obnubila al más cuerdo
SERGIO RAMÍREZ – El juicio de Dickens es, antes que nada, un juicio sobre las consecuencias de la revolución en los seres humanos, y los cambios de comportamiento que la historia, en tiempos convulsos, provocó en la gente más humilde
SERGIO RAMIREZ – El partido en el poder no usó los recursos del Estado para hacer propaganda, ni buscó comprar la voluntad de los votantes con prebendas y regalías
SERGIO RAMÍREZ – En el texto de nuestras constituciones decimonónicas tocamos con las manos la utopía nunca resuelta. Podemos leerlas como novelas
SERGIO RAMÍREZ – Los funerales de Estado, iguales que las bodas reales, son grandes puestas en escena destinadas a conmover a las multitudes que se alinean en las calles o a las puertas de las catedrales y palacios
SERGIO RAMÍREZ – El poder visto como un destino personal no deja de ser una ilusión de la que no se despierta sino a la hora de la muerte, o a lo mejor, esa ilusión se va con los tiranos a la tumba, como si no hubiesen podido traspasar nunca las fronteras de su mundo de ensueño…
SERGIO RAMÍREZ – No se sabe bien si el cepillo pertenecía al dueño de la mansión, o a Dina, su perra doberman, que disfrutaba de su propia suite, y de su propio cuarto de baño, y solía comer filet mignon, su plato preferido
SERGIO RAMÍREZ – Solamente en Estados Unidos. Sólo allí puede ocurrir. Este es el lema oficial de Don King, uno de los más singulares personajes que ha dado esa tierra de promisión y asombros, cuya Meca es Las Vegas
SERGIO RAMIREZ – Muchos pensaban que dos ganadores siameses no podrían soportarse después del primer minuto, ínfulas, vanidad, soberbia. Los desmentimos. No éramos hermanos a la fuerza, sino de verdad.